Un
lugar encantado donde cultivar las preciosas flores de nuestra
personalidad, una atmósfera cálida y segura donde
refugiarnos de las amenazas del mundo exterior. Como un invernadero,
protege sin aislarnos de la realidad, nos permite desplegarnos y
abrirnos como una corola para comunicar, entretener, incluso bailar.
Porque el baile expresa el mismo lenguaje, potente y poderoso, que la
composición floral. Lo que hay en este pabellón es un
exuberante bouquet cuyo mensaje es intrigante, clásico,
afligido, donde los demás aromas rinden homenaje a las flores.
La seductora modestia del jazmín, el encanto floreciente de la
rosa, la sutil impertinencia de la mimosa, la exuberancia de la
gardenia, la lujuria del cardo.
Un
torbellino que no sabe nada de la decadencia del invierno, sino sólo
del sutil mareo primaveral de los pasos de baile bien coreografiados
"No
desesperes ante la corta vida de un jardín de verano/ pero
nutre tu corazón en invierno con la suave esencia de las
flores del invernadero/ porque en su mismo camino están las
semillas de un nuevo florecimiento para el siguiente verano/ la
escasa esperanza de tu corazón será la semilla para una
nueva estación de felicidad". Anónimo
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