Como
Venus nacida de las olas, el ámbar gris es una esencia rara,
una secreción del esperma de la ballena, que lo utiliza para
atraer a sus compañeras para cruzar el océano. Las
piezas de ámbar gris que en la antigüedad eran más
valoradas que el oro, a veces aparecen en las playas y cuando el sol
las seca, desprenden lo que Herman Melville llamaba en Moby Dick un
"olor encantado, literal y verdadero, como el olor de las
violetas de primavera". Una seducción que se une con
otras esencias preciosas y arcanas, como la resina negra del ocozol
americano, el opoponax, la mirra traída por los Mágicos,
la frescura de la bergamota y la ligera nota especiada del cilantro
suavizada por la languidez del labdano.
Una
fragancia que encanta sin prevaricar, una esencia masculina y
femenina al mismo tiempo, que captura nuestra atención tenaz
pero sutilmente, como la canción de las sirenas que seduce a
los marineros hacia las profundidades del mar.
"La
noche canta con voz de ámbar/ el alba que seguramente llegará"
Al Steward - Time Passages, 1978
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